Todos los textos de Jaime Serra, salvo los especificados
Tres miradas para desmontar a Jaime Serra
José Luis de Vicente para la exposición ‘Diez historias y un paisaje’.
Museo de Arte Contemporáneo de La Coruña, marzo a junio del 2015
“El trabajo de Serra, tremendamente influyente para sus coetáneos, no hace de él un ortodoxo o un esencialista; más bien todo lo contrario.”
Operar en el espacio del arte a través del procedimiento de expandir los límites de otra disciplina es una de las estrategias más interesantes que podemos encontrar hoy en la creación contemporánea. El ejercicio de identificar a aquellos que han creado su código propio tomando los elementos que constituyen un campo diferente, y trasladándolos al territorio de la producción artística es revelador.
El truco que estos y otros muchos nombres emplean consiste en tomar el vocabulario, la sintaxis o el espacio institucional de una disciplina y liberarlo de sus limitaciones y compromisos básicos, inyectándole la libertad que ofrece el arte para cambiar el punto de partida inicial.
Para Serra, la disciplina en cuestión es la infografia periodística.
La forma en que un artista trabaja desde una disciplina distinta al arte admite variaciones y modulaciones. En algunos casos son transformistas que se calzan el disfraz de otra profesión - intrusos que se cuelan en fiestas a las que nadie les ha invitado. En otros, aves inclasificables qué tienen serios problemas para trazar los límites entre su práctica creativa y su otro espacio de producción de conocimiento. Ninguno de estos es el caso de Jaime Serra - el suyo es el de un profesional de prestigio al que su profesión se le ha quedado estrecha para acomodar todo lo que necesita decir. No le ha quedado más alternativa que desbordarla.
En el mundo del arte, la ciencia y el pensamiento existe una larga tradición de exploradores de la experiencia que se han dedicado a generar un registro meticuloso de sus acciones cotidianas. Algunos de los proyectos de Serra se encuadran en esta tradición; el consumo de café, de tabaco o las relaciones sexuales se convierten en materia que es meticulosamente registrada, como observación continuada de nuestra huella en el mundo.
Mas allá del registro de lo sucedido, de la captura de lo fugaz antes de que sea desdibujado por el tiempo, la exposición incluye piezas en una voz diferente: la invocación. En vez de capturar el pasado, quizás generar un registro puede ser la forma de tomar el control del futuro.
En estos ceremoniales hay un gesto de resistencia; una llamada a no resignarnos a ser simples espectadores del paso de los días, y de aspirar a controlar nuestros rituales cotidianos,
“Diez historias y un paisaje es una exposición tremendista, aporta datos, señala posiciones y argumentos con la lógica de una explosión: la de la sustancia subjetiva fragmentándose en objetiva.”
Eduardo Fernández
Lata Muda
25 de julio del 2015
La exposición ‘Diez historias y un paisaje’ de Jaime Serra –uno de los infografistas más influyentes e innovadores- plantea una serie de piezas donde la historia íntima es el material de base. Estas historias, imbuidas de una cotidianidad que salpica todo lo que las rodea, nos recuerdan con que sencillez es posible hacer diana sobre cuestiones profundas desde propuestas sencillas.
Cuando una obra de arte se centra en algo tan personal como la relación entre un padre o su hijo –como la pieza ‘Datos en los bolsillos’, donde el artista se basa en los objetos encontrados en los bolsillos de su hijo durante un año- se están haciendo referencias intimas a las propias experiencias del artista, que ahora constituyen el significado del proceso artístico. El padre y el hijo son todos los padres y los hijos en esta pieza.
Creo que lo que Jaime Serra parece indicar en conjunto –todas las piezas se encuentran en un plano conceptual muy propicio para ello- es que tras haber aceptado que era imprescindible recuperar al espectador activo -al que tanto echábamos de menos-, lamentablemente hemos llegado tarde y ahora toca pagar las consecuencias por el abandono. Hemos pedido a gritos a la cultura que se baje del pedestal para poder tocarla y hemos descubierto sus orígenes plebeyos; desprendiendo automáticamente un hedor a decepción. Rezumando una torpe ambición egoísta, desorientada, ilusa, motivada por promesas poco sólidas, teorizando sobre lo evidente, experta en resaltar lo obvio y en reinventar la rueda.
No dejo de sentir un pequeño brillo de excitación, un placer autocompasivo el confirmar que la vida es una inmensa decepción, como la pieza ‘Consumo de Psicotrópicos’ –una infografía minimalista que representa el disparo de consumo de antidepresivos en nuestro país- parece insinuar abiertamente. Pero al mismo tiempo, seguimos perdiéndonos en la tierna lógica de la superstición que plantean piezas como ‘Salud, dinero y amor’, donde la inteligencia se traiciona a sí misma para hacerle un hueco a la esperanza.
Lo que hay en esta exposición es un proyecto que sacude por dentro nuestros principios fundamentales, nuestra vida privada y los secretos más íntimos. Y esa clase de provocación, con acordes de profana insolencia y cinismo ilustrado, es lo que yo llamo Arte con mayúscula.
Las ideas no surgen de la nada. Antes de hacerse visibles, habitan un espacio latente: un limbo donde permanecen en estado potencial, esperando el territorio que les permita florecer. Este trabajo explora ese espacio intermedio, ese suelo invisible en el que las ideas arraigan, se transforman y se proyectan hacia fuera.
La instalación reúne distintos materiales —dibujos, diagramas, enciclopedias ilustradas, radiografías y fragmentos de archivo— que se organizan como si fueran un corpus científico. En ellos, las ideas aparecen con la precisión con la que habitualmente se describen fenómenos naturales: se clasifican sus anatomías, se analizan sus floraciones, se estudian sus diferentes condiciones de crecimiento. Algunas ideas germinan en territorios fértiles y se expanden con raíces profundas; otras se consumen en la superficie, intensas pero efímeras; algunas más atraviesan sin arraigar, perdiéndose antes de adquirir forma.
Newton in Repose
2026
40 x 60 cm
El proyecto propone una reflexión sobre la naturaleza de lo creativo, presentándolo como un fenómeno observable, casi biológico, pero al mismo tiempo inasible. Los documentos expuestos funcionan como una cartografía de lo intangible: ofrecen al espectador la experiencia de enfrentarse con la paradoja de observar aquello que, en principio, no tiene cuerpo.
El trabajo no se agota en la exposición. Continúa en otros soportes: un libro en proceso, que recoge y amplía la investigación en un recorrido visual y textual más extenso, y una animación digital que da movimiento a las imágenes, haciendo que las ideas florezcan, se expandan o se marchiten ante los ojos del espectador. En conjunto, estas extensiones convierten la obra en un territorio múltiple, donde la creatividad se despliega como un fenómeno que puede documentarse, narrarse y experimentar de modos diversos.
Dos floraciones de una misma idea
2026
Temple al huevo sobre composición de maderas.
85 x 77 cm
«España es una deformación grotesca de la civilización europea.»
Ramón María del Valle-Inclán
Este trabajo nace de un encargo del Ministerio de Memoria Democrática, del Gobierno de España, para un libro conmemorativo de los cincuenta años de democracia. Mi pieza debía abrir el capítulo dedicado al ingreso del país en la Comunidad Europea. Lo que se esperaba era, quizá, una celebración del viaje colectivo hacia la modernidad; lo que propuse fue un documento de identidad imposible: un pasaporte expedido a nombre del incorregible escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán, cuya actitud vital —desobediente, lúcida y profundamente española— siempre he considerado una forma de resistencia estética.
No se me ocurre mejor figura para retratar la paradoja de nuestra historia reciente. Valle-Inclán —exiliado en su propio país, ciudadano de un esperpento que aún nos devuelve el reflejo— encarna una España que, incluso cuando cruza fronteras, lo hace con la sospecha de no pertenecer del todo. En su pasaporte no hay sellos de entrada ni salida: sólo un espejo que deforma y revela.
Convertir su nombre en documento oficial es, en el fondo, un gesto de duda. ¿Qué significa celebrar la democracia con un símbolo de control, de frontera, de identidad vigilada? ¿Qué nos autoriza, medio siglo después, a declarar que pertenecemos a Europa más allá del papel, del sello, de la rúbrica? El pasaporte es una promesa de movilidad, pero también una prisión de tinta.
El Ministerio me pidió una obra conmemorativa; preferí entenderla como una obra interrogativa. No para negar lo conquistado, sino para recordarnos que toda memoria democrática debería incluir su propia sombra: la memoria de lo que no se ve, lo que se omite, lo que aún no se ha aprendido.
Si Valle-Inclán hubiese tenido pasaporte, probablemente lo habría perdido a propósito.
Portada de España en libertad.
50 años.
Publicación conmemorativa del 50.º aniversario del regreso de la democracia en España.
23 × 32 cm.
Edita: Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.
Portada del libro Insólitas historias reales del fútbol argentino, de Hernán Ordoñez, 2025
EL PORVENIR
A diferencia de la mayoría de los clubes argentinos, nacidos del fútbol mismo, El Porvenir surgió el 11 de septiembre de 1915 entre jóvenes que practicaban lucha grecorromana y militaban en el anarquismo. En ese cruce improbable de fuerza, ideales y barrio se forjó un club que, más que competir, parecía proponer un modo de estar en el mundo.
Su nombre, tomado del barrio Villa Porvenir, evocaba la fe en un futuro luminoso —ese optimismo obrero de principios del siglo XX que creía posible construir el progreso desde abajo. Los colores, blanco y negro, llegaron por casualidad: un préstamo de camisetas del Sunderland Club de Avellaneda. Lo accidental y lo simbólico entrelazados, como casi todo en la historia argentina.
Entre sus hitos, figuran curiosidades dignas de una enciclopedia sentimental: el campo de juego más grande de Sudamérica (120 x 90 metros, entre 1942 y 1968); el récord Guinness de su presidente Enrique Merelas, más de 44 años en el cargo; o la hazaña del 15 de marzo de 2012, cuando El Porve eliminó a Lanús de la Copa Argentina ante 8.000 hinchas desbordando tribunas y expectativas.
Pero hay algo más: Alejandro Nicolás de los Santos, primer futbolista afroargentino en vestir la camiseta de la Selección Nacional, y David Olaoye, el primer inglés en jugar profesionalmente en Argentina, ambos con pasado en el club. Y una constelación de mitos —Cecconato, Pinino Mas, Garrafa Sánchez, La Chancha Seoane— que vistieron esa casaca blanca y negra, mitad sudor, mitad promesa.
En su emblema y su historia, El Porvenir parece condensar un espíritu que hoy suena casi romántico: el del deporte como escenario de lucha y utopía.
El Vacío
Campaña publicitaria de Hangar para el Salone Internazionale del Libro de Torino
Torino, Italia, 2025
Verdad
es una palabra
Todo intento de llegar a un acuerdo con mis hijos sobre cuándo puede considerarse terminado un envase de mermelada fue inútil.
Todo
es un malentendido
Yo los consideraba terminados; ellos, no. Yo no los tiraba; ellos no los terminaban.
Nunca
nada
se termina
Cuando los frascos llevaban tres semanas ‘abandonados’ en la nevera, impregnaba con su contenido un papel de 22 × 22 cm.
Piensa en
poética
Repetí este acto 55 veces, hasta que dejé de encontrar frascos varados en la heladera.
CURSO ONLINE
DOMESTIKA