Nuevas coordenadas para
comunicarse con las musas

Gran Teatre del Liceu
Barcelona, 19 de mayo de 2026

 
 

 

En 1931, la editorial Harrington & Blythe de Londres publicó una enciclopedia en cuatro tomos dedicada exclusivamente al estudio ontológico de las ideas.

No a su contenido.
No a su valor.
No a su utilidad.
A su naturaleza.

La obra no tuvo ningún éxito.
No generó interés académico.
No generó interés comercial.
No generó absolutamente nada.

La editorial cerró poco después.

La edición en castellano, titulada El maravilloso mundo de las ideas y publicada décadas más tarde por Editorial Labor en Barcelona, pasó igualmente desapercibida.

David K. Lynch., Director del proyecto, realizó una exhaustiva documentación durante más de veinte años. Recopiló documentos, imágenes, objetos y testimonios que, según él, apuntaban a una misma hipótesis:

Las ideas no se crean.
Las ideas existen.
Y, en ocasiones, aparecen.

La enciclopedia distingue entre distintos tipos de ideas.
Algunas responden a necesidades prácticas, a formas de resolución, a una creatividad que podríamos llamar funcional o prosaica.

Otras, sin embargo, presentan un comportamiento distinto.
Entre ellas, una en particular es objeto de estudio: la inspiración artística.

Las musas, la inspiración, son palabras distintas para nombrar un mismo fenómeno. No describen solo la idea en sí, sino una condición específica de esta.

Una idea que no se limita a existir, sino que empuja.
Que insiste.
Que orienta.

Mientras la mayoría de las ideas permanecen en estado latente, inertes, disponibles, algunas —muy pocas— parecen saber hacia dónde ir.

Buscan un territorio concreto.
Lo reconocen.
Se adhieren.
Y, cuando lo hacen, no se presentan solo como contenido, sino como dirección.

Podríamos describirlas, de forma operativa, como la coincidencia entre una idea, un instinto y un deseo.

A eso, de forma imprecisa pero útil, lo llamamos inspiración.
A eso, en términos más antiguos, lo hemos llamado musas.

 
 

A Treatise of the Ontology Ideas
David K. Lynch
Harringtonm & Blythe
1931


Las ideas no se crean.
Las ideas existen.
Y, en ocasiones, aparecen.


La ‘inspiración’, ‘las musas’ consisten en la coincidencia entre una idea, un instinto
y un deseo.


El Maravilloso Mundo de las Ideas
Editorial Labor, Barcelona

 

Según Lynch, todas las ideas habitan en un estado no físico ni temporal.
Un lugar al que llamó: El limbo de las ideas.
Un espacio donde las ideas permanecen en espera.

No sabemos durante cuánto tiempo.
No sabemos por qué.
No sabemos qué determina que se desprendan y caigan.

Solo sabemos que, cuando caen, necesitan un territorio.
Una mente humana.

Lynch denomina floración a la manifestación visible de una idea en un territorio.
La floración no es la idea.
Es su aparición.
Su manifestación.
Es el momento en que el territorio deja de resistirse.

La enciclopedia describe distintos tipos de territorio.

Territorios excesivamente porosos.
Mentes distraídas.
Banales.
Hedonistas.

En ellas, la idea atraviesa sin dejar rastro.
No hay resistencia.
Y, por tanto, no hay forma.

En el extremo opuesto:
Territorios excesivamente compactos.
Mentes rígidas.
Estructuradas en exceso.
Temerosas de lo desconocido.
Cerradas.
La idea no penetra. Rebota.

 
 
 
 
 

Se clasifican, también, territorios fértiles en exceso.
En ellos, múltiples ideas arraigan simultáneamente.
Se entrelazan.
Se mezclan.
Se deforman.

El resultado son estructuras inestables.
A menudo, monstruosas.

EL estudio señala que la mente infantil responde con frecuencia a este tipo de territorio:
altamente receptiva,
imaginativa y aún sin estructuras consolidadas,
permite la coexistencia simultánea de múltiples ideas,
con las interferencias que de ello se derivan.

Otro tipo de territorio de naturaleza distinta.
El territorio profundo.
Es un territorio fértil,
en el la idea enraíza con facilidad y se desarrolla hacia el interior.

La mayor parte del proceso permanece oculto.
Lo visible —la floración— es mínima.
Discreta.

A menudo insuficiente para dar cuenta de la magnitud de lo que ocurre.

Se trata, por decirlo de algún modo, de ideas de perfil bajo:
lo que se muestra es siempre mucho menos de lo que hay.

 
 
 

También encontramos territorios de escasa profundidad.
Donde la idea enraíza con rapidez
pero no puede desarrollarse hacia el interior.

El crecimiento se produce en superficie.
La floración es inmediata.
Visible.
A menudo intensa.

Sin embargo, carece de sostén.
Su duración es limitada.
La idea se agota pronto, sin posibilidad de expansión ni permanencia.

 
 
 

Lynch no se limita a describir territorios.
Describe, también, la anatomía de una idea.

Una estructura compleja compuesta por múltiples capas:
Cultura.
Lenguaje.
Ética.
Memoria.

Un entramado que determina cómo la idea se desarrolla.
O cómo se deforma.
O cómo desaparece.

Entre los documentos recopilados por Lynch
encontramos piezas de procedencias muy diversas.

Un óleo sobre tabla, de pequeño formato, titulado Newton in repose.

Posiblemente de escuela británica o centroeuropea,
datado entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

La escena presenta a Newton reclinado,
en un estado de inactividad impropio de la tradición científica.

A su lado, la manzana —la idea— ya ha caído.
No está en tránsito, ni en suspensión: está en el suelo.
El acontecimiento ha sucedido.

Sin embargo, la atención no se dirige a ese hecho, sino a la cabeza,
donde se representa la floración:
una estructura de aspecto vegetal que emerge y se ramifica.

Las palabras —limbo, idea, floración— no forman parte de esa estructura.

Han sido añadidas posteriormente,
al margen de la plástica,
como anotaciones.

La pieza no parece tener una voluntad narrativa,
sino didáctica.

No representa un descubrimiento.
Lo organiza.
Lo explica.

Un temple al huevo sobre tabla, titulado Dos floraciones de una misma idea.

La pieza presenta signos evidentes de antigüedad: soporte ensamblado, pérdidas de materia, intervenciones sucesivas.

Podría situarse en un contexto colonial temprano o en un entorno de transmisión doctrinal.

A primera vista, la escena parece responder a ese marco:
un religioso, un libro, un crucifijo.

Sin embargo, la estructura de la imagen desplaza el centro hacia otro lugar.

La forma suspendida —una gota— ocupa el espacio que tradicionalmente correspondería a la aparición divina.

Y bajo las figuras, una raíz se desarrolla y conecta ambos cuerpos.

Lo que se transmite aquí no parece ser una verdad revelada,
sino una misma idea atravesando dos territorios distintos.

Dos modos de arraigo.
Dos formas de floración.

También encontramos esculturas antropológicas procedentes del Atlas marroquí.

Figuras humanas de las que emergen formas vegetales desde la cabeza.

Objetos de mediana escala,
encontrados en contextos domésticos o comunales,
asociados a sistemas de creencias no institucionales.

En estos contextos, las ideas no se entienden como abstracciones.

Se entienden como organismos.
Capaces de crecer.
De ramificarse.
De morir.

Y, en muchos casos,
no como propiedad de un individuo,
sino como algo compartido,
ligado al entorno, al grupo,
al lugar en el que se desarrolla.

Es decir: lo que Lynch propone como hipótesis… ya existía como creencia.

La enciclopedia fue ignorada.
Pero no completamente.
Algunos individuos —de forma aislada— pudieron tener acceso a ella.
Y decidieron trabajar con ese material.

Uno de ellos fue David Lynch.
El cineasta.
Resulta llamativa la coincidencia con el nombre del autor de la enciclopedia,
aunque no consta relación alguna entre ambos.

En diversas entrevistas, el cineasta describió un lugar donde las ideas existen antes de ser pensadas.
Un espacio al que se accede.
No que se construye.

La habitación de al lado.

Afirmó en varias ocasiones que las ideas estaban ya ahí,
en una especie de limbo,
disponibles.

El proceso no consistía en generarlas, sino en ir hacia ellas.
En dirigir la atención.
En enfocar.

Su descripción era insistente: cuanto más profundo era el foco, más compleja era la idea que se encontraba.

Su primer largometraje, Eraserhead, fue desarrollado —según sus propias palabras— mediante un proceso prolongado de espera.

No de búsqueda.
De espera.

 

Newton in repose
Óleo sobre tabla
Autor desconocido
S. XVIII-XIX
Escuela británica o centroeuropea

Dos floraciones de una misma idea
Temple al huevo sobre composición de tablas

Autor anónimo
1730-1760 (circa)

Formas de Pensamiento en las Culturas Tradicionales
UNAM, México

 
 
 
 
 

Todos los textos de Jaime Serra, salvo los especificados

Tres miradas para desmontar a Jaime Serra

José Luis de Vicente para la exposición ‘Diez historias y un paisaje’.

Museo de Arte Contemporáneo de La Coruña, marzo a junio del 2015


“El trabajo de Serra, tremendamente influyente para sus coetáneos, no hace de él un ortodoxo o un esencialista; más bien todo lo contrario.”


Operar en el espacio del arte a través del procedimiento de expandir los límites de otra disciplina es una de las estrategias más interesantes que podemos encontrar hoy en la creación contemporánea. El ejercicio de identificar a aquellos que han creado su código propio tomando los elementos que constituyen un campo diferente, y trasladándolos al territorio de la producción artística es revelador.

El truco que estos y otros muchos nombres emplean consiste en tomar el vocabulario, la sintaxis o el espacio institucional de una disciplina y liberarlo de sus limitaciones y compromisos básicos, inyectándole la libertad que ofrece el arte para cambiar el punto de partida inicial.

Para Serra, la disciplina en cuestión es la infografia periodística. 

La forma en que un artista trabaja desde una disciplina distinta al arte admite variaciones y modulaciones. En algunos casos son transformistas que se calzan el disfraz de otra profesión - intrusos que se cuelan en fiestas a las que nadie les ha invitado. En otros, aves inclasificables qué tienen serios problemas para trazar los límites entre su práctica creativa y su otro espacio de producción de conocimiento. Ninguno de estos es el caso de Jaime Serra - el suyo es el de un profesional de prestigio al que su profesión se le ha quedado estrecha para acomodar todo lo que necesita decir. No le ha quedado más alternativa que desbordarla.

En el mundo del arte, la ciencia y el pensamiento existe una larga tradición de exploradores de la experiencia que se han dedicado a generar un registro meticuloso de sus acciones cotidianas. Algunos de los proyectos de Serra se encuadran en esta tradición; el consumo de café, de tabaco o las relaciones sexuales se convierten en materia que es meticulosamente registrada, como observación continuada de nuestra huella en el mundo.

Mas allá del registro de lo sucedido, de la captura de lo fugaz antes de que sea desdibujado por el tiempo, la exposición incluye piezas en una voz diferente: la invocación. En vez de capturar el pasado, quizás generar un registro puede ser la forma de tomar el control del futuro.

En estos ceremoniales hay un gesto de resistencia; una llamada a no resignarnos a ser simples espectadores del paso de los días, y de aspirar a controlar nuestros rituales cotidianos,

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“Diez historias y un paisaje es una exposición tremendista, aporta datos, señala posiciones y argumentos con la lógica de una explosión: la de la sustancia subjetiva fragmentándose en objetiva.

Eduardo Fernández
Lata Muda
25 de julio del 2015

La exposición ‘Diez historias y un paisaje’ de Jaime Serra –uno de los infografistas más influyentes e innovadores- plantea una serie de piezas donde la historia íntima es el material de base. Estas historias, imbuidas de una cotidianidad que salpica todo lo que las rodea, nos recuerdan con que sencillez es posible hacer diana sobre cuestiones profundas desde propuestas sencillas.

Cuando una obra de arte se centra en algo tan personal como la relación entre un padre o su hijo –como la pieza ‘Datos en los bolsillos’, donde el artista se basa en los objetos encontrados en los bolsillos de su hijo durante un año- se están haciendo referencias intimas a las propias experiencias del artista, que ahora constituyen el significado del proceso artístico. El padre y el hijo son todos los padres y los hijos en esta pieza.

Creo que lo que Jaime Serra parece indicar en conjunto –todas las piezas se encuentran en un plano conceptual muy propicio para ello- es que tras haber aceptado que era imprescindible recuperar al espectador activo -al que tanto echábamos de menos-, lamentablemente hemos llegado tarde y ahora toca pagar las consecuencias por el abandono. Hemos pedido a gritos a la cultura que se baje del pedestal para poder tocarla y hemos descubierto sus orígenes plebeyos; desprendiendo automáticamente un hedor a decepción. Rezumando una torpe ambición egoísta, desorientada, ilusa, motivada por promesas poco sólidas, teorizando sobre lo evidente, experta en resaltar lo obvio y en reinventar la rueda.

No dejo de sentir un pequeño brillo de excitación, un placer autocompasivo el confirmar que la vida es una inmensa decepción, como la pieza ‘Consumo de Psicotrópicos’ –una infografía minimalista que representa el disparo de consumo de antidepresivos en nuestro país- parece insinuar abiertamente. Pero al mismo tiempo, seguimos perdiéndonos en la tierna lógica de la superstición que plantean piezas como ‘Salud, dinero y amor’, donde la inteligencia se traiciona a sí misma para hacerle un hueco a la esperanza.

Lo que hay en esta exposición es un proyecto que sacude por dentro nuestros principios fundamentales, nuestra vida privada y los secretos más íntimos. Y esa clase de provocación, con acordes de profana insolencia y cinismo ilustrado, es lo que yo llamo Arte con mayúscula.

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Las ideas no surgen de la nada. Antes de hacerse visibles, habitan un espacio latente: un limbo donde permanecen en estado potencial, esperando el territorio que les permita florecer. Este trabajo explora ese espacio intermedio, ese suelo invisible en el que las ideas arraigan, se transforman y se proyectan hacia fuera.

La instalación reúne distintos materiales —dibujos, diagramas, enciclopedias ilustradas, radiografías y fragmentos de archivo— que se organizan como si fueran un corpus científico. En ellos, las ideas aparecen con la precisión con la que habitualmente se describen fenómenos naturales: se clasifican sus anatomías, se analizan sus floraciones, se estudian sus diferentes condiciones de crecimiento. Algunas ideas germinan en territorios fértiles y se expanden con raíces profundas; otras se consumen en la superficie, intensas pero efímeras; algunas más atraviesan sin arraigar, perdiéndose antes de adquirir forma.

Newton in Repose
2026
40 x 60 cm

El proyecto propone una reflexión sobre la naturaleza de lo creativo, presentándolo como un fenómeno observable, casi biológico, pero al mismo tiempo inasible. Los documentos expuestos funcionan como una cartografía de lo intangible: ofrecen al espectador la experiencia de enfrentarse con la paradoja de observar aquello que, en principio, no tiene cuerpo.

El trabajo no se agota en la exposición. Continúa en otros soportes: un libro en proceso, que recoge y amplía la investigación en un recorrido visual y textual más extenso, y una animación digital que da movimiento a las imágenes, haciendo que las ideas florezcan, se expandan o se marchiten ante los ojos del espectador. En conjunto, estas extensiones convierten la obra en un territorio múltiple, donde la creatividad se despliega como un fenómeno que puede documentarse, narrarse y experimentar de modos diversos.

Dos floraciones de una misma idea
2026
Temple al huevo sobre composición de maderas.
85 x 77 cm

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«España es una deformación grotesca de la civilización europea.»

Ramón María del Valle-Inclán


Este trabajo nace de un encargo del Ministerio de Memoria Democrática, del Gobierno de España, para un libro conmemorativo de los cincuenta años de democracia. Mi pieza debía abrir el capítulo dedicado al ingreso del país en la Comunidad Europea. Lo que se esperaba era, quizá, una celebración del viaje colectivo hacia la modernidad; lo que propuse fue un documento de identidad imposible: un pasaporte expedido a nombre del incorregible escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán, cuya actitud vital —desobediente, lúcida y profundamente española— siempre he considerado una forma de resistencia estética.

No se me ocurre mejor figura para retratar la paradoja de nuestra historia reciente. Valle-Inclán —exiliado en su propio país, ciudadano de un esperpento que aún nos devuelve el reflejo— encarna una España que, incluso cuando cruza fronteras, lo hace con la sospecha de no pertenecer del todo. En su pasaporte no hay sellos de entrada ni salida: sólo un espejo que deforma y revela.

Convertir su nombre en documento oficial es, en el fondo, un gesto de duda. ¿Qué significa celebrar la democracia con un símbolo de control, de frontera, de identidad vigilada? ¿Qué nos autoriza, medio siglo después, a declarar que pertenecemos a Europa más allá del papel, del sello, de la rúbrica? El pasaporte es una promesa de movilidad, pero también una prisión de tinta.

El Ministerio me pidió una obra conmemorativa; preferí entenderla como una obra interrogativa. No para negar lo conquistado, sino para recordarnos que toda memoria democrática debería incluir su propia sombra: la memoria de lo que no se ve, lo que se omite, lo que aún no se ha aprendido.

Si Valle-Inclán hubiese tenido pasaporte, probablemente lo habría perdido a propósito.

Portada de España en libertad.
50 años.

Publicación conmemorativa del 50.º aniversario del regreso de la democracia en España.

23 × 32 cm.

Edita: Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.

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Portada del libro Insólitas historias reales del fútbol argentino, de Hernán Ordoñez, 2025

EL PORVENIR

A diferencia de la mayoría de los clubes argentinos, nacidos del fútbol mismo, El Porvenir surgió el 11 de septiembre de 1915 entre jóvenes que practicaban lucha grecorromana y militaban en el anarquismo. En ese cruce improbable de fuerza, ideales y barrio se forjó un club que, más que competir, parecía proponer un modo de estar en el mundo.

Su nombre, tomado del barrio Villa Porvenir, evocaba la fe en un futuro luminoso —ese optimismo obrero de principios del siglo XX que creía posible construir el progreso desde abajo. Los colores, blanco y negro, llegaron por casualidad: un préstamo de camisetas del Sunderland Club de Avellaneda. Lo accidental y lo simbólico entrelazados, como casi todo en la historia argentina.

Entre sus hitos, figuran curiosidades dignas de una enciclopedia sentimental: el campo de juego más grande de Sudamérica (120 x 90 metros, entre 1942 y 1968); el récord Guinness de su presidente Enrique Merelas, más de 44 años en el cargo; o la hazaña del 15 de marzo de 2012, cuando El Porve eliminó a Lanús de la Copa Argentina ante 8.000 hinchas desbordando tribunas y expectativas.

Pero hay algo más: Alejandro Nicolás de los Santos, primer futbolista afroargentino en vestir la camiseta de la Selección Nacional, y David Olaoye, el primer inglés en jugar profesionalmente en Argentina, ambos con pasado en el club. Y una constelación de mitos —Cecconato, Pinino Mas, Garrafa Sánchez, La Chancha Seoane— que vistieron esa casaca blanca y negra, mitad sudor, mitad promesa.

En su emblema y su historia, El Porvenir parece condensar un espíritu que hoy suena casi romántico: el del deporte como escenario de lucha y utopía.

El Vacío

Campaña publicitaria de Hangar para el Salone Internazionale del Libro de Torino
Torino, Italia, 2025


Verdad
es una palabra

Todo intento de llegar a un acuerdo con mis hijos sobre cuándo puede considerarse terminado un envase de mermelada fue inútil.


Todo
es un malentendido

Yo los consideraba terminados; ellos, no. Yo no los tiraba; ellos no los terminaban.


Nunca
nada
se termina

Cuando los frascos llevaban tres semanas ‘abandonados’ en la nevera, impregnaba con su contenido un papel de 22 × 22 cm.


Piensa en
poética

Repetí este acto 55 veces, hasta que dejé de encontrar frascos varados en la heladera.



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Infografía Creativa: Entre Arte y Periodismo