Nichtbestanden!

 
 

Nichtbestanden! en su local de ensayo, sur de Tel Aviv, 1982. Karl Müller (bajo y voz), Oro Biton (batería) y Yubal Mizrachi (guitarra).


En 1981, Karl Müller, un joven alemán de 21 años y nieto de un Gemeinschaftsleiter (cargo político del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, NSDAP), se trasladó a Tel Aviv. Allí fundó ‘Nichtbestanden!’, uno de los primeros y más controvertidos grupos del movimiento punk israelí. El nombre, en alemán, fue considerado en Israel una provocación. Literalmente, ‘Nichtbestanden!’ significa suspendido, no aprobado, pero también podría traducirse al español como «¡No pasarán!», expresión ideológicamente muy alejada de los antecedentes familiares de Müller.

Más próximo al arte sonoro que a la composición musical convencional, ‘Nichtbestanden!’ estaba formado por el propio Müller (bajo y voz), Yubal Mizrachi (guitarra) y Oro Biton (batería y percusión). El sonido instrumental, extremadamente violento, construido por los tres integrantes, seguía un camino opuesto a la voz de Müller: lenta y, a menudo, apenas susurrada.

Se volvieron míticas algunas de las actuaciones del batería, Biton. Afectado por síndrome de Down por translocación, su energía parecía no tener límites. Destaca un solo de 36 minutos rodeado de 10.000 gallinas en una granja al sur de Ascalón; y otro en Elon Moreh, asentamiento judío ortodoxo en Cisjordania, donde golpeó la batería durante 48 minutos, el mismo tiempo que duró el bombardeo israelí sobre Nablus, la ciudad palestina más cercana a la colonia.

En enero de 1989 fue hallado en una calle de Tel Aviv el cuerpo sin vida de Karl Müller, apuñalado diecisiete veces.

‘Nichtbestanden!’ nunca grabó un disco. El único registro sonoro profesional conocido es la maqueta de ‘Pobre Lelian’.

 
 

Oro Biton durante su mítico solo de 36 minutos en una granja al sur de Ascalón. Publicado en Ha’ir, Tel Aviv, 1983.

Karl Müller (29), hallado muerto con 17 puñaladas en una calle del sur de Tel Aviv. Recorte de prensa, enero de 1989.


Armer Lélian

Letra: Karl Müller
Música: Karl Müller / Yubal Mizrachi

Karl Müller. Bajo, voz
Yubal Mizrachi. Guitarra
Oro Biton. Batería, percusión

Grabado en directo en local de ensayo.
Sur de Tel Aviv, invierno de 1982

Grabación: cinta TDK SA90
Mezcla: Nichtbestanden!

Duración: 5’06’’

© 1982 Nichtbestanden!
Duplicado doméstico. Distribución limitada.

Maqueta original de “Armer Lélian” (1982), cassette doméstico rotulado a mano
por los miembros de Nichtbestanden!. Colección particular, Tel Aviv.

 
 

LETRA

 
 

Armer Lélian


Mit Wollust wartet sie auf Gott
Und ihr Gott ist ihr Unglück

Sie setzte die Schönheit auf ihre Knie,
ohne dass sie ihr zum Leben diente,
nicht einmal mit dem eigenen Körper.

Genüsslich prahlt sie mit ihren Schwächen,
ihre Gnade genügt ihr:
Ihre Kraft vollendet sich in der Schwäche.

Engel, von aller Moral entbunden,
armer Lelian, erleuchteter „Sugar Daddy“.

Die Theologie ist ernst:
Die Hölle ist gewiss unten.
Das Antlitz Jesu Christi in der Suppe.
Adén-Harar schreibt ihr niemals einen Brief.

Die Liebe muss neu erfunden werden, wieder:
Die Liebe muss neu erfunden werden, wieder,
bis hin zum Verlust der Macht.
Schönheit oder Erfahrung – gleichgültig.

Mit Völlerei wartet sie auf Gott
Und ihr Gott ist ihr Unglück

Am Abhang des Erdwalles,
geschwungen der träge Ginster,
unter die Gedemütigten gemischt – so will sie sein.

Zögling der öffentlichen Fürsorge,
unter den Dirnen der Calle del Carmen,
immer mit dem Gesicht nach unten

Blume, vielfach in ihren moralischen Linien,
armer Stilitano, gedemütigter Zuhälter

Der Biber im Botschafteranzug
schnitt ihr den Stängel an der Wurzel ab
und stellte die Blume in die Mitte des Tisches
und selbst der Präsident wusch sich die Hände

Heilige, Komödiantin und Märtyrerin, blieb sie augenblicklich trocken,
zerdrückt auf den 642 Seiten ihrer Heiligkeit
bis hin zum Verlust der Macht
Jugend oder Status – gleichgültig

Mit Trägheit wartet sie auf Gott
Und ihr Gott ist ihr Unglück

Der höllische Gatte frühstückt nackt,
das Fleisch nur geliehen:
Delaudid, Eukodal, Pantopon, Diocodid, Diosane…

Zweieinhalb Meter explodieren zugleich:
Das Benzedrin beißt in den Kristallapfel.
Ruf meinen Anwalt Bouleversé.

Melancholie auf dem Gartenstuhl
(die Arme auf den Knien),
armer „Onkel Bill“, betrogener Pfadfinder

Mit der Schuhspitze als Landschaft,
klein, mit nackten Füßen,
verfasst er mit schwacher Spitze
den heulenden Schädel und den sprechenden Anus

Das Kinn auf die Badematte gestützt,
Hinterngefährten, ein Mannweib spaltete ihn entzwei
bis hin zum Verlust der Macht
Mann oder Frau – gleichgültig

 

Politisch poetisch
widersteht er der Bürokratie
ein rückständiges Tier
die Mütter des Ministeriums bekreuzigen sich

Abessinien und Sabra und Schatila und die Interzone und Barcelona
Eine Welt ohne Bosheit ist eine Welt ohne Güte
Wozu eine moderne Welt,
wenn man solche Gifte erfindet? 

Karl Müller (‘Nichtbestanden!’)
Alrededor de 1982

Pobre Lelian


Con lujuria espera a Dios
Y su Dios es su desgracia

Sentó a la belleza en sus rodillas
Sin que se sirviera para vivir
Ni aun, de su propio cuerpo

Gustosa alardea sus debilidades,
Le basta con su gracia:
Su poder se perfecciona en la debilidad

Ángel, dispensado de toda moral
Pobre Lelian, ‘sugar daddy’ iluminado

La teología es seria: el infierno
Está, ciertamente, abajo
El rostro de Jesucristo en la sopa
Adén-Harar nunca le escribe una carta 

El amor es algo que inventar, otra vez:
El amor es algo que inventar
Al punto de perder poder
Da igual belleza o experiencia

Con gula espera a Dios
Y su Dios es su desgracia

En la pendiente del terraplén,
Sinuosa la retama indolente
Se quiere mezclada a los humillados.

Pupila de la asistencia pública
Entre las furcias de la calle del Carmen
Siempre boca abajo

Flor, múltiple en sus líneas morales
Pobre Stilitano, chulo vejado

El castor con traje de embajador
Le cortó de raíz el tallo
Y puso la flor en el centro de mesa
Y hasta el Presidente se lavó las manos

Santa, comediante y mártir, quedó seca al instante
Aplastada en las 642 páginas de su santidad
Al punto de perder poder
Da igual juventud o estatus

Con pereza espera a Dios
Y su Dios es su desgracia

El esposo infernal almuerza desnudo
La carne tomada en préstamo:
Delaudid, eukodal, pantopón, diocodid, diosane…

Dos metros y medio explotan al tiempo:
La benzedrina muerde la manzana de cristal
Llama a mi abogado Bouleversé

Melancolía en la silla del jardín (los brazos sobre sus rodillas)
Pobre ‘oncle Bill’, boy scout estafado

Con la punta del zapato como paisaje
Chiquito de pies desnudos
Redacta con punta débil
El cráneo aullante y el ano que habla

El mentón apoyado en el felpudo del baño
Compañeros de culo, un marimacho le partió en dos
Al punto de perder poder
Da igual hombre o mujer

Políticamente poético
Resiste la burocracia
Una bestia retrógrada
Se santiguan las madres del Ministerio

Abisinia y Sabra y Chatila y la Interzona y Barcelona
Un mundo sin maldad es un mundo sin bondad
¿Para qué un mundo moderno
si se inventan venenos semejantes?

 
 

ANÁLISIS

Al punto de perder poder

Las letras de Karl Müller, vocalista de ‘Nichtbestanden!’, no solían pasar de cinco o seis frases enigmáticas que susurraba como un mantra en medio de un infernal ruido instrumental. En cambio, ‘Pobre Lelian’, aunque formalmente compleja y por tramos hermética y desconcertante, tiene vocación narrativa. Por otra parte, el tema tratado no es menos complejo y, singularmente, visto desde fuera, menos desconcertante: los supuestos de poder dentro de las relaciones de pareja.

Müller aborda el asunto mediante tres tándems reales y conocidos: el formado por los poetas Arthur Rimbaud y Paul Verlaine; el del escritor Jean Genet con un tal Stilitano, un macarra desconocido pero relevante en ‘Diario del ladrón’; y el del escritor estadounidense William S. Burroughs con su esposa Joan Wollmer.

Estructurado en tres partes de similar métrica, el poema otorga una a cada pareja. Cada parte arranca con la espera de Dios acompañada de un pecado capital.

El título, ‘Pobre Lelian’, es una referencia directa a Paul Verlaine en palabras de Rimbaud, pues así lo describe y nombra en una conocida carta dirigida a su madre.


Rimbaud-Verlaine

Varias de las frases del primer tramo han sido extraídas, de modo más o menos literal, de Una temporada en el infierno, Las iluminaciones y Carta del vidente, de Rimbaud.

Müller supone a un Verlaine de 26 años, lujurioso y ya reconocido poeta en el París de la época, sentando sobre sus rodillas al objeto de su deseo: un hermoso Rimbaud adolescente. Con este acto icónico entre adulto y menor —que no podría, o no debería, vivir de su propio cuerpo—, Müller enfatiza la disparidad de edad y poder entre ambos sujetos.

No obstante, otorga a Rimbaud un alarde gustoso de su propia inocencia púber, algo que le confiere poder en una situación de debilidad —citando lo que el propio Rimbaud escribió en Una temporada en el infierno—. Es decir, cierto manejo y, por tanto, cierta conciencia del poder que su belleza y edad ejercen sobre la lujuria de Verlaine.

Müller resume a Rimbaud como un «ángel», con lo que tiene de asexual e inocente, pero resuena un tono irónico al dispensarlo de toda moral para, a renglón seguido, definir a su amante, en sus propias palabras, como un pobre iluminado que le otorgó favores a cambio de su juventud y belleza.

El tramo se cierra con el descenso de Verlaine a su propio infierno: la cancelación social por su conducta, el abandono de su esposa Mathilde y el episodio de locura transitoria en el que, sintiendo que pierde a su amado, le dispara dos tiros que lo llevan a la cárcel.

El episodio carcelario se ilustra de modo desconcertante con la frase «el rostro de Jesucristo en la sopa», conocida cita de la canción ‘La silla de la caridad’, de un Nick Cave contemporáneo de Müller. En este sentido, no podemos saber quién tomó la frase de quién.

El enigmático ‘Adén-Harar’, que nunca escribió al Verlaine preso, es una clara referencia al libro epistolar de Rimbaud Cartas de Adén y Harar, que reúne las que envió a su madre y a su hermana desde Adén (Arabia) y Harar (Abisinia), donde, con tan solo veinte años, se trasladó a vivir dedicándose al tráfico de esclavos, tras abandonar la poesía y obsesionado con hacer fortuna por todos los medios.

La cita de Rimbaud «El amor es algo que inventar, otra vez» se canta dos veces y bien podría ser a dos voces: la de la pareja escarmentada por la experiencia. Al igual que Dios y el pecado capital abren cada capítulo, la frase «al punto de perder poder» los cierra junto a una virtud de cada protagonista que, si bien son antagónicas, también resultan supuestamente intercambiables en relación con el poder dentro de la pareja. Y este es, precisamente, el núcleo del asunto: vulnerables por enamoramiento, las singulares virtudes de cada uno pueden resultar igual de poderosas, ya sea el estatus, la edad, el género o el rol dentro de la relación.

Genet-Stilitano

El segundo capítulo —Genet-Stilitano— arranca con la gula. Puede leerse de forma literal, como el hambre que debieron pasar los protagonistas, que viven su relación en las zonas más miserables de una Barcelona de preguerra civil a inicios del siglo XX, o como metáfora de la sexualidad desbocada de un Genet que, con 18 años, se prostituye —en ocasiones vestido de niña— de la mano de un adulto Stilitano.

En la primera estrofa, Müller introduce a un Genet al que cita literalmente, pero también metafóricamente como una flor (genêt, en francés, retama) en la «pendiente del terraplén», doble metáfora de una situación vital en descenso. Sin embargo, y al igual que hace con Rimbaud en el primer tramo, extrae del Genet de Diario del ladrón una autodefinición que le otorga decisión y capacidad de afrontar su destino: indolente y humillado por deseo propio.

Müller concluye a los actores de la segunda historia de modo idéntico a los de la primera. Si Rimbaud es un ángel, Genet es una flor; si Verlaine es un «sugar daddy» iluminado, Stilitano es un chulo recurrentemente vejado en Diario del ladrón por su genêt.

Genet-Stilitano concluye con el infierno personal de la flor, no del chulo. Aparece un tercer actor más relevante que el propio amante: Jean-Paul Sartre. Desde su poder como figura intelectual dominante, logra del presidente francés, Vincent Auriol, el indulto para Genet, condenado a perpetuidad. Sartre escribe Saint Genet, comédien et martyr, un libro de 642 páginas que toma la vida y obra de Genet como excusa para desarrollar sus reflexiones filosóficas. Como consecuencia, Genet queda «aplastado» por una obra que lo beatifica y deja de escribir durante cinco años.

Burroughs-Wollmer

El último episodio corresponde a la pareja formada por el escritor William S. Burroughs y su esposa Joan Wollmer. A diferencia de las anteriores, no mantuvieron una relación emocional «al punto de perder poder». Burroughs fue uno de los primeros escritores abiertamente homosexuales y consideraba el amor como un invento femenino. Se trataba, más bien, de un matrimonio de conveniencia, aunque con afecto real y un hijo en común.

Burroughs es presentado como «esposo infernal» que almuerza desnudo, clara alusión a El almuerzo desnudo.

«La carne tomada en préstamo» describe la adicción de ambos a un sinfín de drogas: Delaudid, Eukodal, Pantopón…

El episodio central es el disparo que mata a Wollmer en Ciudad de México el 6 de septiembre de 1951. Burroughs, fanfarrón con las armas, propone parodiar la historia de Guillermo Tell. Wollmer coloca un vaso sobre su cabeza; él dispara desde dos metros y medio y la mata de un tiro en la sien. «Llama a mi abogado Bouleversé (decepcionado, en francés)» resume la actitud pragmática con la que afrontó la situación. Gracias a influencias y corrupción judicial, apenas pasa trece días en prisión.

A partir de este episodio, Burroughs se toma en serio la escritura.

Aquí el infierno no corresponde al supuesto débil. Wollmer está muerta; quien lo atraviesa es Burroughs. El descenso se expresa de forma poética: «el mentón apoyado en el felpudo del baño», «compañeros de culo, un marimacho le partió en dos», imágenes que remiten a su universo literario.


En las tres historias el poder no se presenta como una propiedad fija ni como una jerarquía estable. No basta con el dinero, la edad, el prestigio o el género para determinar quién domina a quién. Rimbaud es joven y aparentemente vulnerable, pero su belleza y su talento desequilibran la relación; Genet es marginal y prostituido, pero su aura y su capacidad de seducción moral invierten los papeles; y en el caso de Burroughs y Wollmer el poder ni siquiera reside plenamente en uno u otro, sino en una tercera instancia más devastadora: la droga, que somete por igual y termina por decidir el destino de ambos.

En un presente que tiende a simplificar las relaciones en términos de opresor y oprimido —dinero frente a precariedad, hombre frente a mujer, estatus frente a marginalidad—, el poema de Müller resulta incómodo precisamente porque niega esa linealidad. El poder en la pareja aparece como una tensión móvil, intercambiable y a menudo invisible, donde la vulnerabilidad puede convertirse en arma y donde aquello que parece debilidad puede ser, en realidad, la forma más sutil de dominio.


Jaime Serra
Abril de 2024


 
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